Acabo de volver y ya te echo de menos, a tí, Barcelona, y a tus calles llenas de vida y magia.
Llegué por los aires, en un vuelo desde Madrid, y me fui por los suelos, sabiendo que extrañaré escuchar el catalán en cada bar.
A las 13:00 ya estaba en un tren destino la playa más bonita que han visto estos ojos negros, 50 minutos de paz mirando el mar por la ventanilla.
Brillaba en sol en el agua y a mi me brillaba el corazón porque YA estaba allí. Comer en un restaurante casi a pie de playa, el olor a humedad y a sal por todas partes.
M, tu casa es muy egoísta, acapara las 2 mejores vistas que se pueden tener, por un lado la playa y por otro la montaña, deberías prestarme un poco.
Te saco mil fotos y sonries, no me envíes un tarro lleno de arena, solo servirá para notar más tu falta.
Ponte guapa, corre, ¡llegamos tarde! pero nos esperan. La chica fabulosa canta y yo me quedo "con las ganas", y lloramos, nos abrazamos. Huele a mi colonia y a cerveza, huele a cansancio.
¿Nos vamos a casa? "Sprint Dana, sprint que no llegamos al nitbus" Duermete que yo te aviso cuando lleguemos. Y subimos mil cuestas, suena Stereo love y quieres volver a correr, eres un pequeño correcaminos.
Son las 3 y no quiero dormir, pero me caigo de sueño. Mañana será otro día, el último :(
Al día siguiente desayuno americano, que aquí me sabe a mediterráneo y a canciones bonitas. Cocacola en la estación, nos espera un día largo. Y nos dejamos los pies en Barcelona, desde el típico parc güell, hasta Arc de triomf, pasando por plaça Catalunya y también por la estación de Francia, veo el puerto aquí al ladito. ¿Vamos? No hay tiempo para todo.
Y hago fotos, como queriendo capturar la felicidad en esta pequeña caja mágica. Se me queda gente que ver en el camino, otra vez será.
Volvemos. Vamos a la playa antes de que anochezca. ¿No es bonito? Precioso y quiero escribir su nombre en la arena, pero no me dejas, así que recolecto conchas y esbozo una inicial, y hundo mi mano en la arena. Está frio, tengo frio, me gusta.
Una cocacola más y cogemos la moto. Te dejo la chaqueta y tirito de puro frio y velocidad. La señorita M prepara la cena, vemos una peli y caigo rendida. Prefiero dormirme que pensar que mañana me tragaré las lágrimas en el aeropuerto.
Y así es, disfruto el viaje desde Sant vicenç de montalt mirando allí donde acaba la tierra y empieza el azul hasta que los edificios llenos de pintadas me roban la postal.
Ya sabía yo que tenía razón, que los ojos quieren traicionar mi entereza de mercadillo, esa que se rompe en ocasiones como ésta. Siempre me gustaron las despedidas, pero solo en las películas.
Qué bonito Barcelona, qué bonito.
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domingo, 11 de abril de 2010
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