Has de saber que las horas que pasé contigo se pusieron los patines y aceleraron su velocidad, como toda esa gente con la que nos cruzamos en el Retiro. Alzo mi copa por los cafés que duran horas y parecen minutos, por tus manos jugando a romper azucarillos por no jugar con las mías. Por el césped mojado y el sol en la cara. Rompo una lanza a favor del frío polar, que nos hizo abrazarnos como osos. Tengo que decirte que nunca me he visto tan guapa como reflejada en tus ojos. Y ya sé que te debo un soneto, pero lo mío son estas letras, las que no necesitan de rima ni ornamento.
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domingo, 23 de enero de 2011
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