Desde que nos estamos dejando solo veo una cosa mire donde mire: parejas. Lo sé, lo sé…Es un tópico. Un topicazo de hecho. Como eso de estar en el sofá comiendo litros de helado de chocolate porque ya no me quieres, y si sigo así me pondré tan gorda que no me querrá nadie, bla bla bla. Ya sabes, demasiadas películas hollywoodienses en mi estantería. Es en esas tardes de viernes cuando me digo: sal, ponte guapa, coge un bus y vete a tomar un café al centro, o al cine, yo que sé. Y lo hago, saco fuerzas del cajón de los calcetines y me pongo esos vaqueros que me quedan tan bien con esos botines que tanto te gustaban. Pero ocurre que me monto en el autobús y a las dos paradas siguientes sube una pareja de adolescentes que se besan y se abrazan como si no hubiera mañana y me dan envida. Mira que yo nunca he sido de muestras de amor en público pero ya ves, es el cuento del niño y la pelota. Veinte minutos después me bajo del bus, subo por Gran Vía sintiéndome la reina del mundo hasta que llego al edificio telefónica donde he quedado con Paula y puedo disfrutar durante los 15 minutos que lleva de retraso de otras cuatro parejas más que se encuentran después de una semana sin verse, aunque parece que haya habido una guerra desde que no se ven. Si es que a quién se le ocurre quedar aquí, punto de encuentro de medio Madrid. Así no hay quien huya de los recuerdos. Yo no sé si a ti te pasa lo mismo. Quiero pensar que sí, que me echas de menos tanto como yo a ti, y que también te preguntas qué hemos hecho mal al ver la de amor que hay inundando las calles y lo poco que nos ha durado a nosotros. ¿Me ayudas a echar las manecillas del reloj atrás y a empezar de cero? Escribamos otra vez el principio, sé que esta vez puede salirnos bien. Vamos…
Mostrando entradas con la etiqueta Des-Amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Des-Amor. Mostrar todas las entradas
miércoles, 27 de octubre de 2010
domingo, 3 de octubre de 2010
Comprar el periódico los domingos
Llegar a las 04:00am a casa con los tacones en la mano, comprar el periódico los domingos. Tomarte el café destemplado y sin azúcar, comerte una tostada fría y reseca, solo con mantequilla. Encender la tele porque parece que te hace compañía, parece. Mirar la pantalla como hipnotizada pero no ver nada, y hacer zapping, a ver si echan una película triste y tienes una excusa para llorar. Comer tarde, mal y nunca. Cada día estás más delgada. Fingir que te interesa lo que te cuenta un compañero en la oficina el lunes por la mañana. Follar con un desconocido que te ha mirado en el metro y te ha sonreído. En fin, hacer todas esas cosas que te prometiste que no harías para olvidarle pero que de todas formas has acabado haciendo. Y evidentemente, querida, esperas que vuelva con las maletas un día de estos. Un día de estos…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



