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jueves, 15 de julio de 2010

No me dejó quererle


Intentar hacerle feliz es algo que nunca supe hacer y de lo que ya, sinceramente, no me preocupo. Hay personas huidizas al cariño de los demás, personas que no saben dejarse querer, y él era una de esas personas. La felicidad podía correr tras él de la mano de mis zapatos rojos y pisarle los talones, pero nunca le alcanzaba. Un día decidió coger un avión y, claro, yo no me presenté en el aeropuerto. No es necesario que os diga que tuve que atarme a la silla para no ir, pero ya no merecía la pena. Él, secretamente, esperaba con ganas que yo apareciese por allí y, cuando subió a ese avión destino el otro lado del mundo, justo cuando el piloto  de los cinturones de seguridad se encendió, se dio cuenta de lo cerca que había estado yo de hacerle feliz y lo lejos que había estado él de permitírmelo.