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sábado, 24 de abril de 2010

Un te quiero disfrazado de te odio

Ana ordenó su habitación, porque ordenar la habitación es como reordenar tu propia vida, recolocar los días y las horas. Empezó por el armario, tirando la ropa vieja, como queriendo tirar los recuerdos que acompañaban a esos jerseys y a esos vaqueros. Colocó cada frasco de colonia, cada pulsera, cada anillo y cada par de pendientes en los pequeños cajones de su cómoda en miniatura y en sus estanterías.
Reordernó los libros por autor y temática y repitió la operación con los cd's y las películas. Cuando hubo terminado, justo antes de salir, se detuvo en la puerta y se giró despacio, contemplando con aire evaluador el resultado. Todo perfecto. Pero en realidad daba igual, su vida seguía siendo un calendario en el que tachar días de tedio y soledad. Lo echaba de menos, con cada centímetro de su piel y con cada gramo de su peso, con cada calada de esos cigarros que ella empezó a fumar solo porque él los fumaba (y así le sentía más cerca, aunque ya estaba muy lejos, lejísimos).

Saliendo de la habitación, sus pies descalzos le guiaron hasta el equipo de música para pulsar ese play que tantas veces pulsaba ultimamente y escuchar por enésima vez "Te odio" de los Seis Días. Y susurró una vez más todos esos "te quiero" disfrazados de "te odio", con las lágrimas callendo silenciosas, la respiración entrecortada. Silencio... "Replay".

martes, 13 de abril de 2010

Break me

-Ya ni te molestas en despedirte cuando te vas, coges la puerta y ¡alee! que te den por culo.
-Es que no tengo que darte explicaciones.
-¿Pero qué explicaciones?¿Quién te está pidiendo explicaciones? Te estoy diciendo que ya ni me dices adios, ni me das un beso, ¡ni nada!
Yo me tengo que comer tus malos ratos y las demás solo te comen la polla y les pones una sonrisita.
-No te soporto cuando te pones así.
-Y yo hace tiempo que no te soporto a ti, pero te quiero ¡joder! Te quiero Tom, y a ti parece no importarte ya.
-Tal vez no me importe.
-...
-...
-Coge tus cosas y vete, esto ha sido una clase magistral de como se rompe algo bonito. Vete.

sábado, 20 de febrero de 2010

Decídete

-¿Te vas a decirir ya o esperamos a mañana?
-...
-¡Ana!¿estás aquí o...?
-Si... Mira, la verdad, podría decidirme por el batido de vainilla o por el de plátano, pero a mi lo que me apetece ahora mismo es comerte la boca, y después la polla, si me dejas claro. Podríamos ir al baño y montárnoslo ahí mismo, o irnos a casa, pero perdería la gracia del momento ¿sabes?
-...
-¿Te vas a decidir ya o esperamos a que se me pasen las ganas de follar?
-Vamos al baño Ana, vamos al baño.

sábado, 6 de febrero de 2010

Ana odia los muebles del Ikea


Ana odia Ikea desde que tuvo un accidente con uno de sus sofás. Recuerdo que me contó esto a la semana siguiente de irse a vivir con Tom y yo mientras, me lo imaginaba todo como en una película:
Ana quería un sofá grande y rojo para su pequeño piso, uno de estos sofás que se comen medio salón. Y Tom, que se conformaba con el sofá de segunda mano que vendían en la tienda de la esquina, tuvo que resignarse ante los ojos suplicantes de ella. Pero sabéis qué pasa, que las cosas del Ikea te las tienes que montar tú, y Ana se creía una superheroína en estos asuntos. Sábado, 11 de la mañana, vaqueros viejos, camiseta blanca de tirantes y una bandana roja en el pelo, descalza. Aparece nuestra “manitas” en escena con la caja de herramientas en la mano. Tom se ofrece a ayudarla a montar el sofá, pero “no hace falta mi niño”. Después de dos horas de sudor y lágrimas, ya casi está listo. A Ana se le resiste el último tablón y de nuevo Tom se ofrece para sujetar el sofá : “ya te he dicho que puedo yo sola, joder”. Pero no, no pudo sola y el último tablón se le cayó sobre el dedo gordo del pie. Entonces Tom se empieza a reir a carcajadas de las caras que pone Ana y ella finge que se enfada, pero solo un poco, porque él la coje en brazos, la lleva a la cama y la besa hasta que el dolor se pasa.
-Odio los muebles del Ikea.
-Pero si te encantan…Jajaja.
-Pues ya no.
-No sé por qué, pero presiento que este sofá va a tener mucha historia.


Y qué queréis que os diga, a mí éstos dos me dan envidia.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Billete de Ida

Ana, que ese día estaba soñadora, le envió el sms más largo de su vida, batiendo records. Y Tom, que estaba saliendo del trabajo se llevó la mano al bolsillo de los vaqueros:
"Iré a buscarte y llevaré en el bolsillo del abrigo 2 billetes de tren, solo de Ida. Porque necesitamos huir, volver puede esperar. Si te atreves cógeme la mano y corre conmigo, prometo recogerte del suelo si te caes. Vamos a mirar a través de las ventanillas de este tren. ¿Ves qué rápido vamos, qué lejos estamos ya? Como siempre hemos querido: Tú y Yo, volando sobre los raíles."
Y tú Tom, tienes dos opciones: contestar a la propuesta más interesante que te han hecho en tu vida con un Sí, lo estoy deseando. O acojonarte y decirle el típico Qué bonito...
Yo, cielo, te recomiendo que os largueis, como siempre habeis querido: Tú y Ella.

martes, 22 de diciembre de 2009

Una Amelie de barrio

-Ana, me ha dicho un pajarito que no comes.
-Me alimento de sus ojos, ¿qué más quieres?
-Dios...No vas a cambiar nunca ¿verdad?
-No :) Ya sabes que soy una pequeña Amelie Poulain atrapada en el cuerpo de una chica arrabalera, de barrio.
-Pensé que al cumplir los 20 bajarías de las nubes, ¡Ajajaja! Ilusa de mí...
-20 solo es una cifra, y yo nunca he sido de las que cree en los números.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Así da gusto que sea lunes

Ana se despierta perezosa, despeinada y, helada de frío, se pone el pijama de invierno, camina despacio hasta la cocina y se sirve un vaso de leche fría. Un momento... - piensa - Por el rabillo del ojo ve un papel encima de la mesa. Se acerca corriendo y allí está: una instantánea de Tom con una sonrisa gigante y una nota por detrás: "Tengo que irme al curro, sonríe cuando veas la foto, es una orden :)". Y Ana sonríe. Así da gusto que sea lunes.

lunes, 12 de octubre de 2009

Galletas de mantequilla

A Ana le queda genial el pelo corto, y aunque Tom nunca le dice lo bonita que está, le hace fotos a escondidas con su polaroid. Cuando Ana está estudiando ¡pum! foto, cuando está dormida, foto también, cuando se sienta en la terraza a mirar la luna un rato, otra foto. Las tiene todas guardadas en una lata de galletas de mantequilla porque Ana huele así, a galletas de mantequilla, y son las favoritas de él. Ya le he dicho a Tom que a ver cuando me la presenta porque también son mis favoritas.

jueves, 1 de octubre de 2009

Ana ya no come






Qué bonito tu nombre Ana, qué bonito. Pero ya no comes, ni sueñas, porque no te quedan cosas con las que soñar. Alguien te robó los sueños en los que todo eran arcoiris y piruletas de colores. Yo me consumo despacio porque no se qué hacer por ti, pero aun más despacio te consumes tú, tus curvas se han convertido en vértices y me da miedo acercarme, porque podrías herirme. Y aun asi... quiero acercarme y abrazarte tan fuerte Ana... mi Ana. ¿Dónde te has dejado las sonrisas? Quiero coger tu corazón y calentarlo con mis manos. Reponer cada pedazo de ti que te fue arrancado. Me han dicho que no duermes por las noches y malvives por el día, que no respiras, solo fumas. Y yo quiero ser tus ganas de vivir, porque tú eres las mías Ana ¿lo sabías? Vives en una casa sin vistas pero yo podría pintarte en las ventanas Tokyo y París, lo que tú me pidas.

Y al final explotan

Tom y Ana en la cama. Los labios de Tom regalan amor. Bajan por la tripa de Ana. En su piel esos besos son fuego, lava bajando la ladera de su cuerpo. "Fshhhh" un soplido en su ombligo. "Ahhh" un gemido en sus oídos. Qué locos están, su amor enfebrecido y demencial. Ana arquea la espalda y separa las piernas. Tom no puede pensar en nada que no sea sexo. Toda la habitación se vuelve borrosa y a su alrededor los colores giran a la velocidad de la luz. Solo existen sus cuerpos, su deseo y sus corazones latiendo frenéticamente. Piel, manos, saliva, calor por todas partes. Y al final explotan.







Y está sonando: Caliente de Mürfila

martes, 29 de septiembre de 2009

Tom y Ana

Tom y Ana, Ana y Tom. Sus nombres solo tienen tres letras y a ella le gusta. Son las ocho de la tarde de un día de octubre y aún no saben que van a amarse durante mucho tiempo. No va a ser fácil, pero es que el amor no es fácil. Están sentados muy juntos, sus muslos pegados como siameses y escuchan esa canción que un día se prometieron escuchar juntos.

-Me encantaría saber lo que estás pensando ahora Ana.
-Es mejor que no lo sepas.
-¿Por qué?
-Porque estoy decidiendo si cuando nos despidamos hoy, te voy a besar o no.
Tom, muy serio, le pregunta qué ha decidido y Ana, muy seria también, le contesta que aun no sabe qué hará.
-Pues por si acaso decidieras que no...
Y sus labios se unen, juntándose como fichas de puzzle que estuvieran destinadas a encajar.





Tom y Ana estaban escuchando: Diecinueve de Maga