Cuéntame bajito que quieres bajar conmigo por la cuesta de San Vicente y echarme carreras de zapatillas viejas hasta los jardines del Moro. Tal vez una tarde de Domingo en Lavapies y un café a las seis ¿no? Bajarnos del bus en Ópera y sujetar una pared del Teatro Real con mi espalda. Me gustó aquel sábado que madrugamos para conocer Malasaña a fondo, yo andando delante y tú a tres metros, siguiéndome de cerca, como si no nos conociésemos. Te llevé a cada librería de tercera o cuarta mano y buceamos entre historias de otros tiempos. No me puedo olvidar de esos detalles, de cómo acelerabas el paso para abrirme la puerta y hacer una reverencia ridícula antes de dejarme entrar solo porque te gustaba verme pasar vergüenza. He comprado unas converse nuevas, ¿las desgastamos juntas?
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lunes, 22 de noviembre de 2010
domingo, 3 de octubre de 2010
Comprar el periódico los domingos
Llegar a las 04:00am a casa con los tacones en la mano, comprar el periódico los domingos. Tomarte el café destemplado y sin azúcar, comerte una tostada fría y reseca, solo con mantequilla. Encender la tele porque parece que te hace compañía, parece. Mirar la pantalla como hipnotizada pero no ver nada, y hacer zapping, a ver si echan una película triste y tienes una excusa para llorar. Comer tarde, mal y nunca. Cada día estás más delgada. Fingir que te interesa lo que te cuenta un compañero en la oficina el lunes por la mañana. Follar con un desconocido que te ha mirado en el metro y te ha sonreído. En fin, hacer todas esas cosas que te prometiste que no harías para olvidarle pero que de todas formas has acabado haciendo. Y evidentemente, querida, esperas que vuelva con las maletas un día de estos. Un día de estos…
lunes, 9 de agosto de 2010
Los domingos por la noche
La has visto salir pegando un portazo. Se ha ido enfadada porque esta noche no la has reservado para ella, como solías hacer los domingos. Tienes un compromiso de trabajo y ella lo sabe, pero es caprichosa, algo posesiva y la tienes malacostumbrada, qué le vamos a hacer. Vas a la cocina a servirte un café (bravo, lo mejor para templar tus nervios, sin duda) y ves que se ha dejado el bolso. Lo coges de la encimera y lo abrazas, creyendo que es parte de ella aunque solo es un objeto. Te sientas con tu café, solo y sin azúcar como siempre, y abres la bandolera, que es de color granate como su pintalabios de los sábados por la noche. Abres también la cremallera como hipnotizado, siempre te han parecido mágicos esos chismes, tan simples y tan útiles, qué curioso…Y volviendo a la realidad de ese pequeño bolso lo acercas a tu nariz separando la apertura para ver que hay dentro, para ver si huele a ella y, efectivamente así es, huele a cuero y a ella. Sacas todo poco a poco. Primero el tarro de vaselina de cereza que lleva siempre encima (ya sabes, el frío de esta ciudad le castiga los labios), te untas el dedo índice y te pones un poco tu mismo, no se parece a besarla pero te consuela durante 5 minutos. Después, su pitillera de aluminio llena de cigarrillos Golden Virginia. Eso te recuerda el encanto que desprende cuando se concentra en no tirar nada a la alfombra cuando se lia el tabaco. Sacas ese libro del que te habló el otro día, ese que le está gustando tanto y que tú ya has leído, pero fingiste no conocer mientras te narraba sus párrafos favoritos. Una libreta pequeña y un boli bic con la tapa mordisqueda, un botecito de colonia de Zara, su cartera azul marino…La abres y ves una foto de carnet de vosotros dos del verano pasado, con un calipo de lima en su mano y un polo de fresa en la tuya, y piensas mientras te ríes que ella tiene razón, que el hombre de la relación no eres tú. Decides robarle la foto, te gusta demasiado. Y al sacarla sacas también sin querer un papel amarillo desvaído doblado 4 veces. Lo desdoblas. Ya no te acordabas de aquello: “Prometo solemnemente que los domingos por la noche serán tuyos. Tuyos y míos”. Vuelves a poner el papel donde estaba y corres hacia el teléfono para cancelar lo de esta noche. En ese momento llaman al timbre. Abres sin preguntar quien es porque ya lo sabes, es ella. – ¿Me das mi bolso? – Vuelves a meter todo corriendo y cierras la cremallera antes de que ella llegue también a la cocina y lo tiendes hacia su mano, pero tiras el bolso al suelo y la pegas a ti tanto como os permite su abrigo de lana gruesa. –Perdóname, esta noche es nuestra.-
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Domingo
domingo, 20 de junio de 2010
domingo, 6 de junio de 2010
domingo, 9 de mayo de 2010
Te lo digo yo
Vamos a hacer nuestros los Domingos, a dibujar sonrisas en el calendario y a abrazarnos, en lugar de tachar los días sin más con ese rotulador negro tan feo.
domingo, 7 de marzo de 2010
Rabia
Son nuevos estos sentimientos. Es curioso verme evolucionar y no saber si es a mejor o a peor. Rabia, que no sé cómo definirlo si no es como Rabia. Escozor por debajo de la piel y por encima, por doquier. Quemazón en la punta de los dedos y en el último rincón de este corazón sin razón, pero con múltiples razones para encharcar mis folios blancos. La tinta corrida, devastada y devastadora allá por donde tiñe, canalizadora de mi sangre encolerizada. Me duele, me corroe, me arruina, me molesta, ¡me jode! Que no te entiendo y no me entiendo. Que he dejado de entenderlo. Que me da Rabia, y punto.
domingo, 14 de febrero de 2010
He descubierto que los domingos pueden gustarme
De las tardes de Madrid puedo decir muchas cosas. Pero me quedo con un Domingo de frío hiriente en Debod, con una canción de Zahara en el movil y una de Ferreiro a voz en grito. Porque Madrid no tiene playa pero si recitamos la letra de Turnedo en un mirador el mar queda más cerca.
Una M conocida y una M nueva, un cartel con mi nombre escrito en mayúsculas al salir del Metro, la mitad de tú café y las manos congeladas pero cien carcajadas y un "te echaré de menos hoy". Mañana más y no sé si mejor, pero ya tengo ganas de que vuelvas, de volver yo también a sentir mi ciudad distinta, mejor.
Una M conocida y una M nueva, un cartel con mi nombre escrito en mayúsculas al salir del Metro, la mitad de tú café y las manos congeladas pero cien carcajadas y un "te echaré de menos hoy". Mañana más y no sé si mejor, pero ya tengo ganas de que vuelvas, de volver yo también a sentir mi ciudad distinta, mejor.
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