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martes, 27 de abril de 2010

Salimos de clase y no te atreves casi a mirarme. Claro, se me olvidaba, hay demasiada gente que no quieres que lo sepa. Tú y yo, sí. Nosotros, un secreto. Andamos hasta el metro figiendo ser solo compañeros, hablas con los chicos pero no te haces el machito, quizá por eso me gustas tanto. De vez en cuando nos miramos de reojo, sonries pero no mucho, ten cuidado. Yo retiro la mirada, a veces me escueces. Llegamos al metro y tienes que elegir: ¿el anden de la izquierda o el de la derecha? El de la derecha, que no es el mío. Ya llega tu tren, os miro entrar a los tres pero solo te veo a tí. Demasiada gente, me confundo, me confundes. Unos entran y otros salen, pipipipipi, el tren cierra sus puertas y lo veo salir de la estación echándote de menos y maldiciéndote a la vez. Aun hay gente en tu anden. Un momento...Estás ahí, no te has subido y me miras con cara de querer cruzar las vías volando. Corre, ya nadie nos ve, sube las escaleras y abrázame.

lunes, 29 de marzo de 2010

Pon mis semáforos en verde


Ah... qué difícil. Qué difícil es andar por Gran Vía y cruzar los inmensos pasos de cebra sin tí. Qué difícil saber que no estás al otro lado de la calle esperándome con tu mejor sonrisa y algo despeinada. Las bocas de metro son puertas hacia la autodestrucción ahora, porque las aglomeraciones de gente extraña me recuerdan a ti, los asientos vacíos también. Mirar por la ventana de clase y ver el cielo nublado es como ver tus ojos, y le rezo a no se qué o a quién para que salga el sol y el cielo deje de tener este tono, este preciso tono que no sé si es azul o gris. Quiero todos los semáforos en verde para no pararme a pensar y solo correr, huir de estas calles por no huir de mí. ¿Se puede huir de uno mismo? ¿Se puede huir de los propios pensamientos? Yo creo que no, pero lo intento. He dejado de morderme las uñas como una demente y ahora me fumo los paquetes en un día. Me da asco este aire contaminado, me da asco la gente con prisa y me da asco mi rutina, las mismas caras cada día que no me dicen nada. Ojos vacíos y secos. Los míos están llenos y húmedos, no son compatibles. ¿A dónde puedo mirar para no pensarte? ¿A dónde?

viernes, 8 de enero de 2010


¿Sabes? Me huelen las manos a tabaco. Pero me gusta. Es un olor que no me abandona y se queda allí, entre el índice y el corazón. A diferencia del tuyo, que se fue agarradito a tu bufanda el día que decidiste marcharte. He cogido muchos trenes en busca de tu colonia, pero solo una de cien veces que cojo el metro la encuentro, camuflada entre la ropa y el pelo de alguna chica joven. Y nunca eres tú, nunca. He inhalado tantas veces el aroma putrefacto de los andenes deseando hallar entre esa basura suburbana el olor de tu abrigo. Estos putos cigarros son lo más parecido a ti que he encontrado en las calles de mi ciudad vacía, vacía de nosotros.