lunes, 4 de enero de 2010

Martina

Hoy algo más largo que de costumbre. Escribí este relato para un concurso que consistía en escribir un relato de entre 1 y 5 páginas a Word que contuviera todo el tracklist del disco "día 913" de Zahara. Las palabras en negrita son los títulos, era difícil colocar algunos. Espero que os guste. Os dejo una parte, iré colgando el resto estos días.





Martina


Nos enviamos miles de cartas entrelazadas. Aun recuerdo la primera, que fue tímida y, mientras la leía, noté como tus letras se iban sonrojando. Siempre las leía dos veces: una mentalmente para sentirte dentro y otra en voz alta, porque me gustaba imitar el tono de voz que yo pensaba que tendrías al decirme aquellas cosas. Nos he imaginado mil veces comiendo sugus de colores sentados en ese banco que está enfrente de mi portal, ya sabes cual. Contigo hice todas esas cosas que uno ve en las películas de Isabel Coixet y que cree que nunca le pasarán en la vida… Pues ya lo ves, si que pasan. Qué pena que nadie estuviera filmando.
Cuando pienso en ti, (lo cual hago unas 248 veces al día aproximadamente) me vienen a la cabeza todas las secuencias, todas las escenas, cada uno de los planos de la que fue nuestra historia. La que proyecto más veces es esa en la que sacaste la polaroid un dia que estábamos en el Retiro mientras me decías: “Sonría”,  me pillaste desprevenida con la boca abierta y los ojos medio cerrados. ¿Te acuerdas de cómo nos reimos? No parabas de mirar la foto diciendo lo graciosa que salía y yo no paraba de decirte que la tirases al lago para que se la comiesen los patos. Bueno…igual no, igual no te acuerdas. Pero es por eso por lo que te escribo esta última carta, para no quedarme con las ganas de saber si me vas a recordar o no. Así se que lo harás aunque solo sea mientras la lees. Porque tengo la certeza de que la leerás, tú siempre has sido de esa gente a la que le puede la incertidumbre. Luego, justo después de esa, me viene a la cabeza así como quien no quiere la cosa aquella otra vez, aquel otro día en el que bajamos a tu trastero a buscar una lata algo oxidada de galletas de mantequilla donde guardabas fotos de cuando eras pequeño, y descubrí una guitarra vieja abandonada en un rincón. Tenía tu nombre escrito por detrás con letra de mujer (ya sabes, las mujeres escribimos como más redondito). La cogí entre mi manos con cuidado porque parecía que iba a romperse a trozos por aguantar el peso de una gran historia sobre sus hombros.
-¿Tocas la guitarra?-te dije.
-Tocaba.
-¿Por qué nunca me lo has dicho? ¿por qué ya no tocas?
-Pues porque hace mucho que no bajaba aquí y ni me acordaba de la guitarra.
Pero yo supe que si te acordabas de ella, quizá cada día. Lo vi en tu cara triste y nostálgica, una cara que no te había visto nunca. Casi te obligué a que subieras la guitarra a tu habitación y tocases para mi. Y lo hiciste, vaya si lo hiciste… y ¿sabes qué? Deseé que no lo hubieras hecho porque aquella guitarra sonaba a corazón roto, a mentiras y a primer amor. Hoy se que no iba muy desencaminada. ¿Por qué nunca me lo contaste mientras estubimos juntos? Después de esa canción te pedí que me contaras un cuento. No podía irme a dormir con aquel sonido desafinado y lacrimoso. Y me contaste el mejor de todos los cuentos que he oído hasta hoy: el nuestro. Me contaste que érase una vez una chica pelirroja y con la cara llena de pecas estaba sentada en la biblioteca con sus gafas de pasta y sus rizos semirecogidos en una coleta mal hecha, y érase una vez un chico con los ojos cansados de llorar y las manos rotas de haber dejado de amar a otra piel. Y érase una vez sus dos historias se mezclaron convirtiéndose en una sola, me contaste como amabas cada uno de mis defectos y de mis errores y yo amaba los tuyos, que los motivos por los que me querías eran los mismos por lo que a veces me odiabas, que te encantaba despertar con fruición, tan pegado a mi que resultabamos siameses a los ojos de tus cortinas azul cielo. Que eramos dos tontos soñadores que se imaginaban a si mismos en un descapotable color crema recorriendo carreteras secundarias escuchando a Oasis y su wonderwall, cantando la letra al unísono y aguantándonos las ganas de parar en la cuneta y montárnoslo en el asiento de atrás.

15 comentarios:

  1. ¿si te digo que se me han humedecido los ojos con tu relato, te lo crees? =)
    P R E C I O S O

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  2. Woe! increible post e increible blog, te sigo...

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  3. Dime que ganaste el concurso...
    dímelo. :)
    me ha encantado.
    un beso enormee, y feliz año ;)

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  4. Que complicado,pero has encajado muy bien los títulos. Entre tu arte para escribir y el arte de Zeta para escribir canciones acabas de hacer un texto precioso.

    Un beso !

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  5. Espero que el concurso te fuese genial porque tu relato lo merece. ¡Y eso que solo he leído una pequeña parte!

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  6. tiernamente romántico, está muy bonito.
    Por favor sigue subiendo las demás partes, me ha enganchado.

    mucha suerte, preciosa ;)

    fabi.

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  7. Precioso, me ha emocionado.
    Ojalá no hubiera terminado, porque me da a mí que lo hizo demasiado pronto.

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  8. Olé! me quito el sombrero... puff... me ha encantado, sobretodo ese final tan... bueno, me ha encantado de principio a fin! :)

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  9. Aun siendo texto conocido sabe bien :)

    Más, más, más, más ^^

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  10. Quiero leer el final del relato ganador, y ya.
    Seguro que esas carreteras llevaban todas a bonitas historias.

    Saludos subterráneos.

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  11. ooooh no soy la única gran privilegiada de poseer el texto entero????

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  12. cada día que pasa eres más grande.
    Cada mes que perdiste la inspiración y casi abandonaste fotolog sólo fue un descanso para volver más genial que nunca.
    Esta vez no ganaste el concurso, pero algún día ganarás.
    Seguro que has escuchado esa frase, "la vida no se mide en el numero de veces que respiramos, sino en el número de veces que te quitan la respiración".
    Te parecerá exagerado, pero no lo es, cada vez que te leo contengo el aliento, y al final, siempre, siempre suspiro.
    Gracias.

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  13. Me encanta la música de tu blog, me encantaria escuchar más

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